el triste sabor de la traicion
Posiblemente nada pueda doler mas que la traicion de un amigo, descubrir su sorprendente cambio de actitud y parecer, y sentirse golpeado duramente por quien debia ser el muro que parase los golpes o al menos quien te advirtiese de ellos.No me resulta una traicion un cambio de parecer, no, me refiero al echo de usar como armas afiladas las confesiones realizadas en momentos de amistad. El uso de los secretos confiados en la intimidad como veneno ardiente para untar las heridas en tiempos de ira es uno de los mas bajos instintos del ser humano; valernos de nuestra superioridad para pisotear a los debiles y reir nuestras despiadadas actitudes a sabiendas de tener una clara ventaja.
Como seres con necesidad de socializar, de compañia humana y de confianza que somos, tarde o temprano confiamos nuestros profundos secretos a quienes creemos no los lanzara al aire, a oidos ajenos. Conocemos que si estos fueran expuestos nos causarian dolor y verguenza, mas no queremos ni llegar a imaginar que ocurriria si se usaran como arma arrojadiza, como venganza, como excusa para causarnos dolor y marca por una mente fragil en un momento de discordia.
Y, lo mas importante, como actuariamos ante semejante golpe bajo? Ante la inesperada experiencia de la perdida de confianza y el descubrimiento de que quien era parte de nuestra vida ahora no es mas que una serpiente traicionera...
...como si un agujero negro se lo hubiera tragado.


