domingo, agosto 29, 2010

el triste sabor de la traicion

Posiblemente nada pueda doler mas que la traicion de un amigo, descubrir su sorprendente cambio de actitud y parecer, y sentirse golpeado duramente por quien debia ser el muro que parase los golpes o al menos quien te advirtiese de ellos. 


No me resulta una traicion un cambio de parecer, no, me refiero al echo de usar como armas afiladas las confesiones realizadas en momentos de amistad. El uso de los secretos confiados en la intimidad como veneno ardiente para untar las heridas en tiempos de ira es uno de los mas bajos instintos del ser humano; valernos de nuestra superioridad para pisotear a los debiles y reir nuestras despiadadas actitudes a sabiendas de tener una clara ventaja. 


Como seres con necesidad de socializar, de compañia humana y de confianza que somos, tarde o temprano confiamos nuestros profundos secretos a quienes creemos no los lanzara al aire, a oidos ajenos. Conocemos que si estos fueran expuestos nos causarian dolor y verguenza, mas no queremos ni llegar a imaginar que ocurriria si se usaran como arma arrojadiza, como venganza, como excusa para causarnos dolor y marca por una mente fragil en un momento de discordia. 


Y, lo mas importante, como actuariamos ante semejante golpe bajo? Ante la inesperada experiencia de la perdida de confianza y el descubrimiento de que quien era parte de nuestra vida ahora no es mas que una serpiente traicionera...
...como si un agujero negro se lo hubiera tragado. 

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domingo, agosto 08, 2010

Sofokao


Me vas a perdonar, que mire para atras
que me encuentro sofocado, por el humo del tabaco.
Que tanto correr no puede ser bueno pa este monton de huesos.
Que me tiemblan las canillas, por querer ir tan deprisa.

Y no puedo más!
Y no puedo más!

Que subir por las paredes, estará muy bien pa' ustedes.
Pero yo lo que pretendo, es pararme un momento,
ha pedir tiempo muerto
para poder coger aliento
y que me lleves dando vueltas, donde empieza la mañana.

Ya no puedo más!
Ya no puedo más!

Tengo el cuerpo derrotao, el sueño hecho añicos.
Tengo el alma de un matao, la mano en el bolsillo.
Con los ojos como platos, con la cara de un pescao,
con la sombra de tu cuerpo, que me ha robao el camino.

Se reia a carcajadas aunque fuese por nada.
Y en el rio le robaba la mirada la luna.

Tengo el cuerpo derrotao, el sueño hecho añicos.
Tengo el alma de un matao, la mano en el bolsillo.
Con los ojos como platos, con la cara de un pescao.
Con la sombra de tu cuerpo, que me ha robao el camino.
Que me ha robao el caminoo!
Que me ha robao el caminoo!

 

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