Formas y Maneras

Creo que es lo que más me han criticado en mi vida. Que las formas me pierden. Es raro que me discutan que no tengo razón (al menos pasados unos días) y de hecho que esté tan acostumbrado a llevármela puede afectar negativamente a este defecto. Mi mejor amigo dice que mi gran problema es que siempre tengo razón. A fin de cuentas llevar la razón no es una cuestión de tener la verdad: es una cuestión de argumentar mejor que las otras personas y por lo tanto a llevar la razón uno se entrena. Y he discutido con los mejores, algo he aprendido de la magia de las palabas.
Pero ahí está al amigo cariñoso que te pega una palmadita en la espalda después de una discusión y te dice “Si tenías razón Kids, pero es que las formas siempre te pierden” o la madre que desde la experiencia te recuerda “que hay otra forma de decir las cosas”.
Sí que hay dos formas de decir las cosas en este mundo: a la espalda de la gente y a la cara. Es la única diferencia. Puedes llamar gilipollas, incompetente, capullo, chantajista y manipulador a alguien a sus espaldas pero no se lo puedes decir a la cara. Eso no.
Me siento tan, tan, tan absolutamente estúpido cuando esas personas que 5 minutos antes asentían y compartían todos esos descalificativos me critican que podía haber dicho las cosas de otra manera al implicado.
Es curioso porque en última instancia siempre hay alguien que lo admira, al menos en parte. Siempre hay alguien que dice “joder, el tío este tiene los cojones de decir lo que piensa a la cara” pero rara vez por no decir nunca alguien me ha llegado y me ha dicho “tío, de puta madre, has dicho lo que pensábamos todos y no nos atrevíamos a decir por miedo a su reacción”.
No, lo que tenía que hacer era haber medido mis palabras. Si pienso que alguien es un gilipollas y un mentiroso tengo decirle que no se está comportando adecuadamente y que su discurso no hace honor a la verdad. No es necesario soltar tacos ni subir el tono de voz. Tengo que hacer el esfuerzo de hablar con un gilipollas y suavizar cada una de mis palabras porque eso llevará a una conversación madura en las que las cosas se solucionen sin conflictos ¿no?
No, es un gilipollas. O me pongo gilipollas o no vamos a hablar el mismo idioma. Y hablando el mismo idioma las cartas se ponen sobre la mesa, se libera la mierda acumulada en consejos obsoletos políticamente correctos y sobretodo, después del conflicto se reflexiona y se pide perdón. Es un proceso natural, no artificial.
Pero hace demasiado tiempo que elegí el camino artificial. Supongo que las palmaditas en la espalda y los toquecitos de atención acabaron dejando marca y con la piel ya irritada me dediqué a callar y a quitarle hierro a las cosas. Tampoco es tan importante que alguien mienta. Tampoco es tan importante que alguien haga lo que salga de los cojones sin que nadie le diga nada. Hay pocas cosas importantes como para levantar el tono de voz ¿verdad?
Cuando alguien es un capullo, más capullo eres tú por decírselo.
Y eso es lo peor, que al día de hoy y después de haberme prometido cambiar ese gran defecto que tengo sigo sintiéndome como un capullo cuando estallo, cuando digo ni más ni menos que lo que pienso, cuando pago con la misma moneda. Sigo sintiéndome el mayor capullo del mundo buscando la mejor forma de argumentar algo tan sencillo como que me he dejado llevar. Sigo muriéndome de ganas de pedir de perdón, de reconocer que la cagué y de seguir pensando y diciendo lo mismo que dije pero a espaldas de la otra persona. Como hace la gente normal.
Puede ser que mañana esconda mi voz, por hacerlo a mi manera. Hay tanto idiota ahí fuera.
Extraido de aqui: Batcat
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